En las entrañas del monstruo
PORTADA SEMANA dialogó con un hombre que conoce como pocos el bajo mundo de
la contratación. Revela los trucos y las trampas que han permitido el saqueo
del Estado.
Sábado 5 Marzo 2011
Yo a usted le voy a contar lo que he visto y he vivido en veinte años en el
mundo de la contratación. Y la primera cosa que quiero que le quede clara es
que hoy hay dos clases de contratistas: los corruptos buenos y los corruptos
malos. Los corruptos malos son los que se meten a contratar las obras para
hacer lavado de activos y las terminan. Y los corruptos buenos son los que
tratan de ser honrados, pero necesitan el anticipo que les dan para hacer
empresa. Algo parecido al caso de los Nule. Al final se gastan el anticipo y
no terminan la obra. Es decir, los malos, que son los que mueven plata del
narcotráfico, son los buenos en el fondo.
¿Y puede una empresa decente ganar un contrato?
Si una empresa decente gana un contrato es porque no es negocio. No les
interesa a los contratistas. Eso pasa en muy pocas ciudades.
¿Cómo empieza todo?
El origen de toda la corrupción está en la campaña electoral. Hay unos
contratistas que dan plata a los candidatos y hay otros contratistas que dan
plata y votos. Al final los contratistas terminan sometiendo al elegido. Es
sencillo.
La corrupción llega a ser tan sofisticada que hay contratistas que tienen
más votos que los congresistas. Un duro, por ejemplo, puede tener 150.000
votos. Son ellos los que saben del negocio y cultivan la clientela. Para
ponérselo de otra manera, hoy en Colombia hay ciudades en las que pueden
estar reunidos tres candidatos a la Alcaldía en algún evento y llega el
contratista y los asistentes se amontonan es alrededor del contratista.
Ya casi ningún contratista se mete a elegir senador o representante, porque
esa gente no ejecuta recursos directamente. Solo se financia a los que
pueden tener cuotas en institutos descentralizados y que pueden mover
contratación. Y esos son pocos.
No le voy a negar que resulta útil tener a congresistas en el bolsillo.
Uno de los más sonados constructores de carreteras de este país tiene cuatro
senadores. Le salen baratos. Eso es como pagar un valet parking para un
contratista al que le pueden quedar libres 300.000 millones de pesos con el
contrato de una megaobra.
(Entre paréntesis le digo que también hay negociantes que se meten a ser
congresistas solo para montar un negocio que luego les dé plata. Como
ocurrió con un representante a la Cámara que propuso la ley que obliga a la
revisión anual de vehículos y montó decenas de talleres tecnomecánicos y se
ha hecho rico).
De todas maneras, si me pide un cálculo, yo le puedo decir que el 60 por
ciento de los senadores, de una u otra manera, hacen el 'complete' con los
contratistas. Lo llaman a uno y le dicen: "Ya tengo 25.000 votos, consígame
10.000". Conseguir los votos es fácil: se sostienen cien líderes con un
'salario' de 500.000 pesos mensuales durante tres meses. Los más caros son
los de Vichada, pues toca traer a los indios a votar. El más barato, el de
Bogotá.
Se hace de muchas maneras. Por ejemplo, pongo cien líderes para que lleven a
su gente a votar por el candidato. O contrato gente del barrio como
pregoneros para el día de elecciones: pongo 2.000 personas a 50.000 pesos
cada una. Y lo primero que les digo es que voten, y ahí ya van 2.000 votos,
y que a los amigos y a la familia que vean por el puesto también les pidan
que voten por el candidato. Y ahí va sumando. Otra técnica que se aplica es
el carrusel: cojo veinte líderes y los mando a votar con la instrucción de
que se traigan el tarjetón en blanco. Salen, les pago y se marca el tarjetón
afuera y se le entrega a otra gente para que entre y vote. Y a esos también
se les dice que depositen el de ellos y me traigan el otro en blanco. Todo
está cuadrado con un enlace en la mesa de votación.
Le suena el teléfono. Es un líder que lo llama desde cualquier pueblo de
Colombia y por el altavoz se le escucha decir: "Ya está casi completo,
jefe". Se refiere a que ya tiene el número de votos que le puso de tarea
para las elecciones de octubre.
Pero donde está el negocio es en la elección de los alcaldes y los
gobernadores. Todos los contratistas tienen uno o dos gobernadores.
Nosotros determinamos quién es el alcalde y ellos se arrodillan. El mejor
encuestador es el contratista más rico. Es él el que sabe cómo está el
mercado de los votos. Al final del día, todas las campañas superan en 300 o
500 por ciento los topes fijados por la ley.
¿Cuánto vale un alcalde?
El contratista es la mano amiga: da para recibir. Si yo le doy 100 millones
al candidato, él me revierte como alcalde con un contrato de 1.000 millones.
Y de ahí uno se puede quedar hasta con el 40 por ciento o más.
¿Cuánto vale un alcalde? Eso depende del presupuesto del municipio. Uno hace
las cuentas. Si el municipio tiene 100.000 millones de pesos de presupuesto,
se le restan 30.000 o 40.000 millones de pesos que se gastan en lo
administrativo. Es decir, tiene para ejecutar 60.000 millones, el
contratista solo le apuesta al 40 o 50 por ciento de esa suma, no más.
Porque el resto el alcalde lo da por otro lado.
Por ejemplo, el presupuesto de Casanare es de 750.000 millones. Esa es la
joya de la corona. Tiene más presupuesto que Medellín, que es una ciudad de
casi tres millones de habitantes, y todo Casanare no son más de 300.000
personas. Con esa plata, la gente de Casanare podría vivir todo el año sin
tener que trabajar. Allá hay que destruir para hacer, para poder gastarse
toda esa plata.
Ponga atención a otro principio de este negocio: no hay contratista en
pueblo pobre. Entonces el precio del alcalde es según el presupuesto del
municipio. Hay municipios ricos, pero que hoy están pobres porque el
anterior alcalde pidió vigencias futuras. Si el municipio está endeudado o
tiene vigencias futuras, lo único que hago es darle una liguita al que va a
ser alcalde.
Le vuelve a sonar el teléfono. Es un candidato a la alcaldía de una capital.
Se le oye en el altavoz preguntarle por "el aporte". "Yo le aviso cuándo",
le contesta este.
Si un alcalde pide 500.000 dólares, se le dosifican para la campaña. Al tipo
se le somete. Hay que mantenerlo a pan y agua. No se le da todo de una. Y
los contratistas están encima del candidato y uno les exige y les
dice: "A ver, qué pasa que no lo veo trabajando puerta a puerta".
Cuando el candidato es elegido, ya la contratación la tiene empeñada con el
contratista. Ya después ganar los contratos es fácil. El alcalde pone al
secretario a disposición de los contratistas. Muchas veces los pliegos de
licitación los diseña el contratista en su misma casa. Y los diseña de tal
forma que así venga la multinacional más berraca se lo gana. Un Perico de
los palotes le puede ganar a Odebrecht. Basta con poner que se necesita que
sea una fundación de la localidad y ya quedó descalificada la mejor empresa
del mundo.
La contratación de una ciudad muy importante fue vendida antes de las
elecciones. Eso se lo garantizo. El alcalde de esa ciudad se llevó la tula
antes de ganar.
Hay contratos de contratos. Un contrato de un billón de pesos deja 300.000
millones. Pero esos son muy escasos. El bilingüismo, por ejemplo, también
es, en su medida, rentable. Al chino se le da un CD, un libro, y queda el 80
u 85 por ciento para el contratista. Pero el sueño de todo contratista es
aguas, porque la interventoría no puede abrir para ver el tubo. Ahora, el
interventor suele ir amarrado al contrato, pero si no va, se lleva el 5 por
ciento. Nadie o pocos quieren contratar en carreteras, porque los precios
tienden a ser estándar. Por ejemplo, el contrato del túnel de La
Línea: ¡averigüe cuántas veces estuvo desierto!
Del contrato que uno recibe, por 'ley', el 10 por ciento va para el alcalde.
Hubo una época en que los contratistas fueron víctimas de los funcionarios
públicos… los extorsionaban. Y los contratistas elevaron los costos de los
votos y les dejaron claro a los políticos que si quieren ganar, se tienen
que someter. Es que al contratista no le quedó alternativa.
Y después de esto se arma una red de conexiones. Entonces hay mafias dentro
de los organismos de control articulados a los contratistas. Y uno llama al
alcalde y le dice: "Tiene siete procesos en la Procuraduría y le vale tanto
la vuelta". Todo suma.
Ahora es más rentable ser corrupto que ser narcotraficante. Hay unos 50
combos de contratistas. Hay unos combos que son más ricos que los narcos.
Hay otros que tienen contratos en todo el país, pero no se meten en los
contratos grandes para no hacerse visibles. Ahora los contratistas
arrodillaron a los políticos.
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