Wednesday, June 27, 2012

El Orangután de la Justicia: Vergüenza Nacional




Cordial saludo.

Por: Álvaro Ramírez González.

Empiezo por referirles de manera resumida los comentarios del
prestigioso constitucionalista Doctor Hernando Yepes Arcila. Primera
pregunta: ¿Qué culpa tiene el presidente en esta situación? Respuesta:
toda. Segunda pregunta: ¿Qué salió malo aquí? Respuesta: todo. Tercera
pregunta: ¿Qué cree usted que está sintiendo el país hoy? Respuesta:
asco.
Desde que la cámara de representantes aprobó hace tres noches este
horrendo esperpento los medios de comunicación, sin excepciones pero
la W de Julio Sánchez Cristo liderando el proceso, iniciaron una
jornada que yo considero heroica y patriótica de enfrentar de manera
descarnada  y sin ningún tipo de miedos  a la clase política del
gobierno y del congreso, no solo para hacerles ver acerca del
desagrado de los ciudadanos por un acto legislativo tan cochino, tan
inmundo, tan sucio y tan desafiante como la mal llamada reforma a la
justicia. A medida que se han venido desarrollando los hechos, las
entrevistas, las investigaciones y han desfilado uno a uno los
personajes y artistas de esta farsa aparece más y más evidente el
tenebroso contenido de este acto legislativo que no hizo más que
consolidar una manguala de privilegios y blindajes para magistrados y
congresistas y para el ciudadano común que era el que necesitaba una
mejor justicia, no hubo nada.
Pero hay tres personajes ó actores de primera línea cuyo desempeño yo
quiero relatar, porque me quedo estupefacto de ver que tres personas
tan importantes en la conducción de un país democrático como Colombia,
proceden con tanta ligereza, actúan con tanta estupidez, se apoyan y
se confrontan con tanta desfachatez y finalmente reculan con tanta
desvergüenza. Vámonos de menor a mayor.
Simón Gaviria Muñoz. Presidente de la Cámara de Representantes de
Colombia, joven promesa de la política, hijo de mi viejo amigo el ex
presidente César Gaviria Trujillo, muchacho bien preparado, amante de
la actividad política, joven de buen trato, simpático, decente,
gustador. La actuación de Simón Gaviria lo deja a uno aterrado y yo no
la voy a calificar sino que también voy a referirles la parte final de
un diálogo que fue más un airado regaño de Julio Sánchez Cristo para
él. Primera pregunta: ¿Doctor Simón, entonces usted firmó una reforma
a la justicia que no leyó? Respuesta: si es que estaba enredado.
Segunda pregunta: ¿Doctor Simón, sabe usted cuánto nos cuesta a los
colombianos el equipo de abogados y de asesores que le pagamos a usted
para que le lean, le expliquen y le corrijan esas cosas? Respuesta: sí
Julio, pero es que al calor de los debates no había mucho tiempo para
encargarme de leer la reforma. El ministro la leyó, nos pidió que la
votáramos y yo confié en el ministro.
El regaño fue mucho más largo, fue un  evento que se produjo en la
radio, pero yo me imaginaba a Simón Gaviria con los calzones abajo y
las nalgas peladas y a Julio Sánchez dándole unas fuertes palmadas por
su comportamiento. Simón acepta que metió las patas como nunca, le
pide perdón al país, le dice que él ha sido un hombre decente y bueno,
le dice que él no es una rata ni un pillo y yo estoy seguro que tiene
la razón. Pero que verracos tan olímpicos y tan irresponsables. No
cayeron en cuenta que tenían en sus manos una reforma del sistema
judicial de todo un gran país. Qué pena Simón, esto te lo van a cobrar
en las urnas!!
El ministro Esguerra. Se trata de un abogado bogotano, rolo, de la
alta sociedad, muy chirriado y que ocupa por segunda vez un
ministerio. Un hombre con mucha experiencia, pero con muy poco valor
civil, con muy pocos pantalones, un personaje que se volvió
dubitativo, vacilante, confuso en sus conceptos. Empieza diciendo:
“esta reforma no me hace muy feliz, pero tiene cosas buenas”. Pues
resulta que esa porquería que Esguerra presentó, tramitó y asistió en
los ocho debates, finalmente leyó y redactó el orangután final, fue
tan cobarde y pusilánime que permitió que la comisión de conciliación
de cámara y senado no lo dejara entrar a la sala donde estaban
deliberando por diez horas y se quedó como un pendejo, como un idiota
esperando afuera casi todo un día hasta que le abrieron la puerta y le
entregaron el gorila plasmado en unos papeles para que lo redactara y
lo llevara al recinto de la cámara de representantes para su
aprobación. Luego de la intervención de anoche del presidente Santos
lo primero que se extrae de ella es una gran desautorización, a Santos
ni lo hace feliz la reforma, ni para él tiene cosas buenas. Pero
pueden estar seguros queridos lectores, que Esguerra no renuncia. Es
un desvergonzado.
Juan Manuel Santos Calderón. Es el gestor y director intelectual de la
reforma. Naturalmente la conoce ó obviamente ha estado informado del
desarrollo de los debates y no tengo duda alguna que estando en Río de
Janeiro conoció la fisonomía y la belleza del orangután en que se
convirtió su cacareada reforma. Apenas vio el escándalo que se armó en
la W y las demás emisoras inmediatamente se dirigió al país y reculó.
Le pide a la corte constitucional que la tumbe, pero en el fondo lo
están matando el miedo y la vergüenza de no haber dirigido bien este
alumbramiento para que saliera una cosa decente y no ese pedazo de
mierda que finalmente salió. Resulta que le van a hacer un plebiscito.
Con un millón y medio de firmas, el gobierno nacional estará obligado
a convocar un plebiscito para que los colombianos digamos en las urnas
si dejamos ó enterramos esa porquería. Ese millón y medio de firmas
las van a conseguir en 15 días y con dos millones y medio de votos
sepultaremos ese engendro lleno de veneno, prebendas, blindajes y
mierda. Y ese plebiscito enterrará simultáneamente la reelección de
Santos. De eso no les quepa la menor duda y con este criterio
coinciden los politólogos más prestigiosos de este país.
Mientras esto ocurre en el templo de la democracia, la guerrilla está
emberracada tumbando puentes en las autopistas, volando oleoductos,
masacrando gente en los buses y tomándose este país.