A manera tertulia intercambiemos criterios sobre lo que sucede en nuestro entorno y en el imaginario de país que todos tenemos, con espíritu analítico y crítico pero constructivo, aportando ideas que ayuden a nuestra sociedad a mejorar cada dia, con actitud respetuosa y tolerante ante la posición del contrario.
Monday, November 25, 2013
BOTEMOS CORRIENTE: Cómo la izquierda se apropió de los derechos human...
BOTEMOS CORRIENTE: Cómo la izquierda se apropió de los derechos human...: Por: Dante Bobadilla Ramírez Fuente: Liberalismo Peruano Ver a la izquierda defendiendo los derechos humanos resulta algo cercano a v...
Friday, November 22, 2013
Cómo la izquierda se apropió de los derechos humanos
Por: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: Liberalismo Peruano
Fuente: Liberalismo Peruano
Ver
a la izquierda defendiendo los derechos humanos resulta algo cercano a
ver a Hanibal Lecter ejerciendo de Ministro de Justicia. La nueva labor
de defensa de los derechos humanos es un cambio radical en la estrategia
política de la izquierda, pero sobre todo en el discurso que ha
abandonado los tópicos clásicos del marxismo para reemplazarlo por una
larga letanía de causas nobles y justas, calzando muy bien con las modas
culturales del momento. Sin embargo, se trata de la misma izquierda que
hace solo 20 años predicaba la justicia social mediante una dictadura
del proletariado, paraíso al que solo se llegaba conquistando el poder
con la violencia, ya sea en formato guerrillero-militar o simplemente
terrorista, violencia justificada y defendida como inevitable, asumida
incluso como "necesidad histórica" anunciada por la "ciencia marxista"
dominante en la sociología y la academia. Gracias a esa ideología que
instauró el odio de clase y la apología de la violencia como requisito
de conciencia política, la izquierda fue responsable de la mayor masacre
humana de la historia. Por eso me causa un poco de gracia, pero también
inquietud, ver hoy a esa misma izquierda defendiendo los derechos
humanos. ¿Cuál fue la razón de tan radical mutación? ¿Es sincero este
nuevo rol de la izquierda como defensora de los DDHH? En este artículo
haré una visión restrospectiva de la izquierda en busca de algunas
respuestas y conclusiones.
La memoria que guardo de la izquierda empieza en mis días de universitario. Grupos de jóvenes que repentinamente interrumpían las clases para corear siempre con el puño en alto consignas contra el imperialismo. Un dirigente aullaba su mensaje escupiendo amenazas a la oligarquía, a las transnacionales, a los terratenientes, a los grupos de poder, etc. Ya saben. siempre el mismo cliché y las mismas palabrejas como "enquistados", "explotadores", "lacayos", "revisionistas", etc. Simulaban ilustración y sabiduría citando el marxismo-leninismo, a veces era el maoismo y otras el troskismo. Pero todos sin excepción anunciaban la llegada inevitable de la revolución, la guerra popular, el inicio de la lucha armada y la instauración de la dictadura del proletariado que nos traería justicia y felicidad.
La memoria que guardo de la izquierda empieza en mis días de universitario. Grupos de jóvenes que repentinamente interrumpían las clases para corear siempre con el puño en alto consignas contra el imperialismo. Un dirigente aullaba su mensaje escupiendo amenazas a la oligarquía, a las transnacionales, a los terratenientes, a los grupos de poder, etc. Ya saben. siempre el mismo cliché y las mismas palabrejas como "enquistados", "explotadores", "lacayos", "revisionistas", etc. Simulaban ilustración y sabiduría citando el marxismo-leninismo, a veces era el maoismo y otras el troskismo. Pero todos sin excepción anunciaban la llegada inevitable de la revolución, la guerra popular, el inicio de la lucha armada y la instauración de la dictadura del proletariado que nos traería justicia y felicidad.
Yo
me preguntaba entonces dónde estaban esas masas de las que hablaban
estos profetas del apocalipsis, dónde estaban los campesinos y los
obreros con los que pensaban hacer la revolución. Conocía de memoria la
sierra y nunca había visto nada ni remotamente parecido a una
revolución. Por el contrario, el gobierno militar había repartido las
tierras luego de confiscarlas a sus legítimos propietarios, aunque las
grandes haciendas quedaron en manos de una burocracia estatal, especies
de cooperativas o empresas asociativas que fracasaron sin remedio,
aunque el Estado las mantuvo vivas absurdamente por unos 20 años. De
modo que nunca pude explicarme el delirio de estos jóvenes exaltados de
la izquierda universitaria. El progre de izquierda era un personaje de
tira cómica caricaturizado por varios escritores. Nunca creí en su
discurso, pues bastaba verlos y oírlos para darse cuenta de que eran
unos lunáticos. Un análisis apenas superficial del marxismo revelaba sus
falencias clamorosas con la realidad nacional. Por último, los modelos
comunistas vigentes no parecían estar funcionando desde que la gente
hacía lo posible por escapar de allí. Definitivamente estaban
equivocados.
Pero
unos años después, en mayo de 1980, en efecto, se inició la tan mentada
guerra popular. El problema es que no tenía nada de guerra ni de
popular. Eran actos aislados de asesinatos salvajes y sabotajes que
calificaban como terrorismo, simple y llanamente. Tampoco tenía nada de
revolucionario y mucho menos de glamoroso y soñador, como pintaban las
guerrillas de los 50 y 60. Más aun, el mundo ya estaba cambiando. En
China había muerto Mao Tse Tung y sus delirios y locuras fueron
prontamente reformadas por la nueva administración. Rusia se había
encaminado por el Glasnot y la Perestroika que conducirían en menos de
una década al fin de la poderosa URSS y sus satélites, ocasionando el
desplome del comunismo mundial. No obstante en el Perú una banda de
lunáticos llamada Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso todavía
asesinaba y dinamitaba en nombre de la revolución proletaria.
Frente
a los hechos toda la izquierda peruana guardó silencio cómplice. Los
que llegaron al Congreso por los votos parecían hallarse en la
encrucijada porque eran parte del "sistema podrido" que pretendían
dinamitar. Muchos de esos líderes admitieron públicamente que asumían
"la farsa electorera para hacerle el juego a la burguesía". Eran
infiltrados comunistas en el Estado. El papel de estos diputados y
senadores fue vigilar y cuestionar las disposiciones de lucha
contraterrorista del Ejecutivo y cuestionar el accionar de las FFAA. Los
jefes militares eran permanentemente llamados, investigados y
enjuiciados. En ocasiones era cierto que los militares cometían excesos.
Después de todo, el nivel de insanía a la que había llevado la
confrontación Sendero Luminoso, empujó a los soldados a responder del
mismo modo. Cuando se inicia el fuego del infierno cualquier cosa puede
suceder, y siempre será tenebroso.
Fue
en ese escenario cuando la izquierda empezó a hablar de derechos
humanos. La nueva Constitución promulgada en 1980 incorporaba al Perú en
el Sistema Interamericano de Derechos Humanos reconociendo la
competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. A partir de
allí se abrieron las puertas para que cualquiera acuse al Estado de
violar los DDHH, dado que esta Corte solo ve causas en contra de los
Estados, pues fue creada para proteger a las poblaciones civiles de los
abusos de los estados totalitarios. Su inspiración surgió de la Corte de
Nüremberg y se fortaleció con el descubrimiento de los horrores del
comunismo en la URSS y en China, así como en Camboya y otros lugares. En
Latinoamérica se dieron casos de países enteros capturados por
dictaduras crueles y corruptas como en República Dominicana y Nicaragua.
Adicionalmente en la mayoría de países habían surgido dictaduras
militares para contener el accionar de las guerrillas comunistas
impulsadas desde Cuba. Eran pues escenarios diferentes.
En
el Perú las cosas transcurrieron al revés. Acá hubo en los 70 una
dictadura militar de izquierda que favoreció a los grupos marxistas
dejándolos crecer y multiplicarse libremente en las universidades y en
los sindicatos, principalmente en el magisterio. Esta dictadura militar
complació las aspiraciones políticas y sociales de la izquierda más
moderada, la cual incluso sirvió a la dictadura ocupando diversos cargos
públicos. Sin embargo, no encajaba por completo con la prédica regular
de la izquierda. Luego llegó no solo la democracia sino la violencia
terrorista y guerrillera del PCP-SL y del MRTA. Sucedió durante una
nueva era democrática que se iniciaba con grandes ambiciones y
esperanzas, inspirada en una nueva Constitución de corte muy
progresista. El Estado democrático se vio obligado a responder la
violencia con violencia. Fue en este escenario convulso cuando los
líderes de izquierda vieron la oportunidad de maniatar al Estado
llevándolo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Así fue como
se dio el cambio radical de estos líderes de izquierda desde el
activismo de la guerra popular a la defensa de los derechos humanos a
través de ONGs que empezaron a crearse con ese expreso propósito. De
este modo el Estado peruano tuvo que defenderse del acoso izquierdista
en el campo militar interno y en el campo jurídico internacional gracias
al papel de las ONGs de DDHH.
Uno
de los primeros grupos que abusó del derecho usándolo a favor de
quienes violentaron la ley y el Estado de derecho fueron los llamados "Asociación de Abogados Democráticos",
un anticipo de las ONGs de DDHH que luego empezarían a surgir como
hongos en el prado. Dicha asociación era un frente legal de Sendero
Luminoso dedicado a la defensa de los terroristas que eran capturados.
No fue difícil darse cuenta que las normas y cortes internacionales de
DDHH serían sus mejores aliados, en especial para detener las
condiciones extremas de carcelería impuestas. Los juicios en contra no
solo del Estado sino del presidente Alan García por casos como los de El
Frontón, actuaron como disuasivo legal hasta que los penales quedaron a
merced de Sendero Luminoso. Todavía se ventilan juicios contra el
Estado en la CIDH como los que promueve la senderista Mónica Feria
Tinta, labor en la que instituciones como la Defesoría del Pueblo unida a
las ONGs de izquierda han contribuido grandemente en la derrota
jurídica del Estado peruano y en el resarcimiento de terroristas.
La
labor de la izquierda en el campo de los derechos humanos fue un paso
natural a partir de estas ONGs creadas estratégicamente en los 80 para
ocuparse de la defensa legal de sus miembros capturados por las fuerzas
del orden, o para conseguir reparaciones para sus familiares cuando
habían sido ejecutados. Y de hecho fue así también como estas ONGs
iniciaron su contacto con el ambiente judicial del que ahora son casi un
apéndice oficioso. Una cosa llevó a la otra, hasta que el terrorismo
fue definitivamente derrotado y las ONGs tuvieron que asumir un nuevo
rol, siendo el principal desmontar todo el sistema jurídico diseñado por
Alberto Fujimori precisamente para enfrentar con éxito al terrorismo.
Lo hicieron apenas cayó Alberto Fujimori, y cuando un nuevo gobierno les
abrió las puertas a los miembros y dueños de estas ONGs.
Para
entonces las ONGs tenían una década de acción y estaban muy bien
organizadas. Muchos miembros de izquierda que perdieron protagonismo
político ante el accionar de Sendero Luminoso pretendieron darle una
"batalla ideológica", tarea obsesiva en la izquierda. Dejaron de lado
sus micro agrupaciones políticas y se sumaron a los cuadros de
escribientes que desarrollaban sesudos análisis de la violencia política
desde la academia o una ONG. Para inicios de los 90 y tras la derrota
de Sendero Luminoso y el MRTA lo que quedaba de la izquierda era
básicamente un frente amplio de ONGs muy activas de diverso cuño. Aunque
el mayor protagonismo político fue ganado por la Coordinadora Nacional
de Derechos Humanos, buque insignia y madre nodriza de todas las ONGs de
DDHH de izquierda.
La
máxima obra de estas ONGs de izquierda fue montar la Comisión de la
Verdad y Reconciliación, obra del ilustre abogado Diego García-Sayán,
dueño de la ONG llamada "Comisión Andina de Juristas" cuya labor
principal es precisamente la asesoría en DDHH. Integraron esta CVR
connotados líderes de izquierda revolucionaria de viejo cuño, incluyendo
amigos y compañeros de Abimael Guzmán, ni más ni menos. Por si fuera
poco, la integraron miembros de la Coordinadora Nacional de Derechos
Humanos. No hace falta decir el tono que tuvo el informe de dicha
Comisión, pero lo más importante es que consolidó el discurso de los
derechos humanos como propiedad de la izquierda, convirtiéndola en
sinónimo de antifujimorismo. El informe final de la CVR condena al
Estado y a las FFAA colocándolos al mismo nivel de los grupos
terroristas, aunque menciona que en el caso del Estado el asunto es más
grave por su misión de protección de la sociedad. Es decir, el Estado
acabó siendo el terrorista. Ese es el enfoque de los derechos humanos
desde la visión de la izquierda. Siempre lo fue, pues es una enseñanza
de Marx.
El
panorama actual, luego de la derrota de Sendero Luminoso y del MRTA por
parte de Alberto Fujimori, y la posterior caída de Alberto Fujimori y
la derrota del fujimorismo por parte de la izquierda oenegienta de
derechos humanos, es que el asunto de los DDHH sigue siendo propiedad de
la izquierda y herramienta de lucha contra el fujimorismo. Ese es el
rol central de los DDHH por ahora y se saca a relucir cada vez que hace
falta. La principal bandera de la CNDDHH es defender el informe de la
CVR y exigir el cumplimiento de sus recomendaciones, las cuales incluyen
grandes negociados para las ONGs de DDHH como el desentierro de unas 18
mil fosas en todo el país para la identificación de restos. Tarea
insulsa al cabo de 30 años que solo tiene sentido como negociado para
las ONGs.
Habiendo
superado la etapa de guerra popular y lucha contra el Estado, tanto en
su forma militar como jurídica, la izquierda de nuestros días ya no
recibe financiación de gobiernos comunistas, deseosos de formar cuadros
de subversivos que los ayuden en la Guerra Fría combatiendo a los EEUU,
camuflados con esa gastada cantaleta del antimperialismo. Ahora reciben
financiamiento de ingenuas y algunas no tan inocentes fundaciones con
diversos intereses. No importa cual sea el propósito de la lucha actual.
Los verdaderos intereses se esconden detrás de una noble causa. Siempre
será posible emplear cualquier causa para seguir en el delirio del
antimperialismo y el anticapitalismo. Así es como hoy las ONGs de DDHH
acogen toda clase de causas, por ejemplo, la causa de los pueblos
indígenas para oponerse a las inversiones de todo tipo, incluyendo las
obras del propio Estado para beneficio del país, tales como carreteras e
hidroeléctricas.
Otra
causa muy recorrida es la del medio ambiente, que también resulta ideal
para los mismos fines. Las ONGs de izquierda han aprendido a reciclar
las causas y llevarlas todas hacia sus propios cauces políticos. El
discurso ha variado de la lucha contra el imperialismo a la lucha por el
agua y el medio ambiente. Se han sumado una larga lista de derechos a
la causa de los DDHH, han aparecido derechos inusitados que van desde
los "derechos económicos" hasta los "derechos sexuales". Cualquier cosa
puede ser rápidamente convertida en un derecho por los magos de la
retórica progresista. Para ello abundan en sociólogos, antropólogos y
abogados que conforman un frente eficiente manejando muy bien una
pestilente retórica elevada a niveles de "ciencia social", ética
política y moral filosófica con trascendencia universal.
Total, lo importante es seguir recibiendo financiación. Luego es fácil dar el salto desde la ONG al partido político, y desde la lucha ambientalista a la campaña presidencial. Así es como los derechos humanos acabaron en manos de la izquierda y utilizados como nuevo instrumento de acción política.
Total, lo importante es seguir recibiendo financiación. Luego es fácil dar el salto desde la ONG al partido político, y desde la lucha ambientalista a la campaña presidencial. Así es como los derechos humanos acabaron en manos de la izquierda y utilizados como nuevo instrumento de acción política.
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