Monday, June 23, 2014

LA HISTORIA SE REPITE

La historia se repite
 
Este discurso fue pronunciado en la Cámara de Representantes de la República de Cuba en mayo del año 1955 por el Dr. Rafael L. Díaz-Balart, en ese momento el líder de la mayoría y presidente del comité parlamentario de la mayoría en la Cámara, contra la ley que amnistió a Fidel Castro y demás asaltantes al cuartel Moncada, cuando habían cumplido solamente dos años de cárcel y después de haber sido condenados por un tribunal civil. Castro había recibido una condena de 15 años. 


La Amnistía (1955)
Por Rafael Díaz-Balart
 


Señor Presidente y Señores Representantes:

      He pedido la palabra para explicar mi voto, porque deseo hacer constar ante mis compañeros legisladores, ante el pueblo de Cuba y ante la historia, mi opinión y mi actitud en relación con la amnistía que esta Cámara acaba de aprobar y contra la cual me he manifestado tan reiterada y enérgicamente.

      No me han convencido en lo más mínimo los argumentos de la casi totalidad de esta Cámara a favor de esa amnistía.

      Que quede bien claro que soy partidario decidido de toda medida a favor de la paz y la fraternidad entre todos los cubanos, de cualquier partido político o de ningún partido, partidarios o adversarios del gobierno. Y en ese espíritu sería igualmente partidario de esta amnistía o de cualquier otra amnistía. Pero una amnistía debe ser un instrumento de pacificación y de fraternidad, debe formar parte de un proceso de desarme moral de las pasiones y de los odios, debe ser una pieza en el engranaje de unas reglas de juego bien definidas, aceptadas directa o indirectamente por los distintos protagonistas del proceso que se esté viviendo en una nación.

      Y esta amnistía que acabamos de votar desgraciadamente es todo lo contrario. Fidel Castro y su grupo han declarado reiterada y airadamente, desde la cómoda cárcel en que se encuentran, que solamente saldrán de esa cárcel para continuar preparando nuevos hechos violentos, para continuar utilizando todos los medios en la búsqueda del poder total a que aspiran. Se han negado a participar en todo proceso de pacificación y amenazan por igual a los miembros del gobierno que a los de oposición que deseen caminos de paz, que trabajen a favor de soluciones electorales y democráticas, que pongan en manos del pueblo cubano la solución del actual drama que vive nuestra patria.

      Ellos no quieren paz. No quieren solución nacional de tipo alguno, no quieren democracia ni elecciones ni confraternidad. Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba, para instaurar la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que enseñaría al pueblo el verdadero significado de lo que es tiranía, un régimen totalitario, inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años. Porque Fidel Castro no es más que un psicópata fascista, que solamente podría pactar desde el poder con las fuerzas del Comunismo Internacional, porque ya el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y solamente el comunismo le daría a Fidel el ropaje pseudo-ideológico para asesinar, robar, violar impunemente todos los derechos y para destruir en forma definitiva todo el acervo espiritual, histórico, moral y jurídico de nuestra República.

      Desgraciadamente hay quienes, desde nuestro propio gobierno tampoco desean soluciones democráticas y electorales, porque saben que no pueden ser electos ni concejales en el más pequeño de nuestros municipios.

      Pero no quiero cansar más a mis compañeros representantes. La opinión pública del país ha sido movilizada a favor de esta amnistía. Y los principales jerarcas de nuestro gobierno no han tenido la claridad y la firmeza necesarias para ver y decidir lo más conveniente al Presidente, al Gobierno y, sobre todo, a Cuba. Creo que están haciéndole un flaco servicio al Presidente Batista, sus Ministros y consejeros que no han sabido mantenerse firmes frente a las presiones de la prensa, la radio y la televisión.

      Creo que esta amnistía tan imprudentemente aprobada, traerá días, muchos días de luto, de dolor, de sangre y de miseria al pueblo cubano, aunque ese propio pueblo no lo vea así en estos momentos.

      Pido a Dios que la mayoría de ese pueblo y la mayoría de mis compañeros Representantes aquí presentes, sean los que tengan la razón.

      Pido a Dios que sea yo el que esté equivocado.

                Por Cuba.





(Este documento nos ha sido gentilmente suministrado por el Representante de la Cámara del Congreso de los Estados Unidos de América, Lincoln Díaz-Balart, hijo de Rafael Díaz Balart.

En aquella época, como Rafael Díaz Balart era cuñado de Fidel Castro, muchos creyeron que había consideraciones personales involucradas en este discurso excepcionalmente lúcido, cuando lo que había era un conocimiento cabal del personaje, pues Fidel incluso le había solicitado que lo introdujera con el General Batista, antes de que éste diera el golpe de estado.

Existen diversos testimonios de la admiración que Fidel Castro sentía por Mussolini y el título de su alegato de defensa en el juicio civil que se le celebró "La Historia Me Absolverá" la tomó de Adolf Hitler.

Compárese como fue sancionado Fidel a 15 años de prisión por dirigir un ataque armado a un cuartel, con las sanciones que él les impone a periodistas tan sólo por informar y a los disidentes por reunirse y no estar de acuerdo con el régimen, los que son condenados a penas carcelarias de 20 y 25 años. Compárese el tipo de prisión que sufrió Fidel, que él relató luego en un libro, con la que sufren hoy en día los prisioneros políticos en Cuba. Para ello lea la carta valiente de Sahilí Navarro. Lea también el análisis radiográfico que se hace de la personalidad de este "psicópata fascista", como muy bien lo define Rafael Díaz Balart.) 

Sunday, June 1, 2014

La Manguala Bogotana

La Manguala Bogotana

- Jaime Jaramillo Panesso

Sacaron de los humedales de la sabana de Bogotá, dos esclarecidos ejemplares
de la falsa nobleza capitalina, con aires virreinales, y los exhiben como
candidatos a la presidencia  de la república: Juan Manuel Santos y Germán
Vargas Lleras. Estos dos sementales son la más rancia expresión de la
oligarquía bogotana, la que siempre y desde los albores de la independencia
nos ha gobernado. A ellos se debe que sean los apellidos,  no el amor y el
conocimiento de la patria, la razón para ejercer el alto mando político de
la nación colombiana. Si a ellos dos sumamos la casta de los Samper y los
López, preñados de ambición desde la cuna por el poder, tenemos el cuadro de
una República Señorial.
La manguala entre la casa Santos y la casa Vargas Lleras, es el desafío a un
país de regiones con culturas robustas y distintas  a lo que ellos
representan. Ellos son la concentración del poder en manos de dos personajes
que interpretan la entraña de la cerrada concupiscencia, en-charolada casta
que tiene definido el ejercicio del mando en el Palacio de Nariño, como un
determinismo herencia que les fue concedido por la naturaleza de su sangre y
mandato de sus antepasados. Santos y Vargas Lleras nunca han vivido ni
sufrido en la periferia del Distrito Capital. Nunca han compartido la tarea
de  trabajar en las tierras que producen el café, el sorgo, el maíz o la
papa. Jamás se han untado del dulce ritmo del trapiche donde se produce la
panela ni el corte de caña que se convierte en azúcar por el trabajo de los
obreros y empresarios de los ingenios azucareros. La dupleta Santos-Vargas
Lleras es la cúpula paramuna de las familias que, desde el centralismo
administrativo, solo conocen los enredos chismo-bajeros de los clubes del
norte bogotano y las mojigangas decadentes de las tías y parientes que los
acolitan desde cuando el último de los Virreyes españoles huyó de la
población llamada Santafé de Bogotá y ellos se empotraron en el manejo del
ayuntamiento, de las rentas, los servicios públicos, los bancos, la
diplomacia y las milicias republicanas.
Presidente y Vicepresidente, amos de zambos, los dos para sí mismos, ambos
pegaditos, aratos en la pieza musical con baile de victoria clasista, el
dueto que une los cartílagos gelatinosos para gobernar a los despreciables
montañeros de las tres cordilleras, a los ruidosos costeños del norte, a los
mestizos y blancos que los rodean en la altiplanicie santafereña, que nos
son de su linaje. Ellos llegaron de otras regiones y han construido, a su
pesar, esa ciudad y sus municipios conurbanos sin que la fronda
aristocrática se diera cuenta del esfuerzo de los ciudadanos que no tienen
el pedigrí de sus elitistas candidatos, de la dupla Santos-Vargas Lleras,
elegidos por la gracia del Dios de Colombia y de la encopetada plutocracia
bogotana para gobernarnos los próximos años. Porque ellos si tienen clase.
No como esos altaneros santandereanos, o esos engreídos opitas o los
sudorosos llaneros que se creen lo que dice el joropo.
¿Podremos los colombianos de todas las regiones de tierra firme y de
ultramar soportar los latigazos melosos de la yunta Santos- Vargas Lleras,
hijos exclusivos y excluyentes de la nobleza consistorial bogotana?
¿Estamos los colombianos tan tarados para que los elijamos Presidentes de
Colombia, a sabiendas que Santos es el candidato de las FARC y que Vargas
Lleras es el candidato de Santos?
Bien valdría la pena que nuestros compatriotas conocieran y cantaran con
nosotros, la segunda estrofa del himno antioqueño, la más valiosa y hermosa,
que reza así: “Forjen déspotas tiranos/ largas y duras cadenas/ para el
esclavo que humilde/ sus pies de rodillas besa. / Yo que nací altivo y
libre/ sobre una sierra antioqueña/ llevo el hierro entre las manos/ porque
en el cuello me pesa”.